cadizcentro.net

7/12/2009

OPINIÓN

Inicio > — josegalindo @ 9:00 pm :: 4122


Historia de Cádiz
(El Pleno del riau, riau)

Cuando en la muy noble, muy leal y muy heroica villa medieval de Cádiz los correligionarios de ZP decidieron en un plenario recordar malévolamente que se habían escapado siete toros por las calles del recinto amurallado, entonando el “riau, riau, los toros del pueblo ya se han escapao”, un tremendo desasosiego invadió la población.

Los gaditanus contemplaron por la TDT (Televisión De Teófila I) cómo aquellos a los que habían elegido como representantes en la Casa Consistorial se dedicaban a tirarse ditirambos cargados por el diablo en lugar de dedicarse al hermoso menester para el que habían sido elegidos: presentar proyectos e ideas en beneficio de la población. Casualmente, sólo uno de los bandos aparecía en la pantalla, los del capullo, mientras a los gaviotos se les escuchaba gritar.

Cuando los ediles del capullo iniciaron el espectáculo taurino, la corregidora de la villa montó en cólera y amenazó con desalojar el recinto en el que se celebraban las reuniones en la Casa Consistorial. Los del capullo siguieron gritando y recordando los toros turísticos que se habían paseado por las calles del recinto amurallado, mientras los gaviotos lanzaban andanadas de improperios y amenazaban con la excomunión a sus adversarios.

Ninguno de los contendientes llegó a tomar las armas, pero poco faltó para que la astracanada terminara en guerrilla. La corregidora advertía al noble portavoz del capullo: “Lo del riau, riau lo utiliza vuestra merced cuando se reúna con sus correligionarios, no aquí, en la casa de todos los gaditanus”. Y advertía también a los de su bando (gaviotos) para que cesasen de entrar al trapo de las provocaciones capulleriles.

La corregidora estuvo a punto de perder el habla y determinó que era hora de dar por terminada la sesión.

Una voz anónima comentaba a la salida del plenario: “¿Estos payasos dicen ser nuestros representantes, a semejante chusma le hemos encargado velar por nuestros intereses?”.

En otro lugar de la villa, donde se cocinan las estrategias políticas, un mequetrefe de la corte oficial del virrey, de entendederas reducidas, se ufanaba de haber sido el instigador de la patraña. Hacía méritos para subir un peldaño en su ya larga carrera de vividor del erario público.




RSS 2.0         Identificarse