Montañés: Más de un siglo de historia en imágenes


Pocos gaditanos conocen que en la calle Montañés existe un tesoro fotográfico que recoge 125 años de historia de Cádiz y España; la tienda de revelados Dubois. «Por aquí han pasado tres generaciones, mi abuelo, mi padre y yo que ya llevo aquí 51 años», comenta con orgullo Eduardo Rodríguez, más conocido como Dubois, un apellido que heredó de su abuelo. «Él era un auténtico genio de la fotografía y de la pintura que inventó las llamadas fotos pulga y las caricaturas fotográficas, que engordaban y achicaban a la persona, un efecto similar al que producen los espejos de las ferias», detalla Eduardo, al tiempo que su hermana muestra un libro en cuyas amarillentas páginas aparece su abuelo junto a personajes de la realeza y políticos de la época. «Mi abuelo era el fotógrafo oficial de Alfonso XIII e incluso pintó un cuadro de grandes dimensiones de Franco que se lo hizo llegar al generalísimo mandándoselo al Pardo. Además fue fotógrafo gráfico de 26 periódicos nacionales de Europa y América Latina. Tenía mucha vista y era una personalidad, pero como tal todo lo que ganó se lo fundió y lo único que nos dejó de herencia fue la tienda», comenta el tercero de los Dubois.
Eduardo Rodríguez, que así se llamaba este pionero sevillano, decidió cambiar su apellido durante un viaje a Francia, según detalla su nieto. «Como tenía madera de artista se puso dubois, una palabra francesa que se usa para denominar una madera del bosque que emplean los artistas para tallar sus esculturas», aclara.
La tienda de revelados y fotografía Dubois echará el cierre dentro de menos de un lustro, cuando Eduardo, que ahora tiene 61 años de edad, se jubile. «Mis hijos ya tienen su carrera y no quieren saber nada de esto. Los fotógrafos somos unos animales en extinción», señala con nostalgia. Y agrega: «Hoy en día con el photoshop se puede retocar cualquier fotografía por ordenador y las grandes marcas como Nikon, Canon, Kodac no tienen los beneficios de antes. Se ha perdido un 70% de ingresos en fotografía; sin embargo ésta aún sigue funcionando», afirma Eduardo Rodríguez, mientras echa mano de una antiquísima cámara fotográfica de madera con la que su abuelo y su padre han registrado imágenes de lo que fue Cádiz el siglo pasado. Fotos que se conservan inalterables gracias a los tradicionales métodos. «Cuando yo tenía once años mi padre, que también fue un fotógrafo divino, me tenía en el fijador dándole vueltas a la foto en la cubeta y yo quería ir a la calle a jugar. Ahora que han pasado los años he comprendido que las fotos se mantienen en perfecto estado, sin ponerse amarillas», detalla al tiempo que enseña algunas fotografías de él con sólo dos años.
El rincón de los amoríos
Cruzando la calle se encuentra El Desván de Mónaco, otro establecimiento con tradición que data de principios de los años setenta y que hace ocho años cambió de propietario. «En sus inicios se llamó Mónaco y fue un pub en donde se conocieron muchas parejas que no dudaron en mostrar su desenfreno en los sofás de la planta de arriba y que hasta hoy siguen viniendo por aquí», explica la nueva dueña Carina Vázquez, mientras fuma un cigarrillo sentada en la barra de madera. Las paredes del local, que fue diseñado por el arquitecto Villegas, visten con diversos carteles de publicidad antigua de chocolate Suchard y leche condensada La Lechera. «Nosotros hemos mantenido la estructura, pero eliminamos detalles como la moqueta marrón que había en el techo y otras zonas para poner en su lugar madera que aporta más calidez al ambiente», detalla esta joven empresaria gallega que encontró una oportunidad única cuando regresó de Italia con su pareja Paolo Poletti. «La especialidad de la casa es el café, servimos un capuchino delicioso», advierte.
La clientela de El Desván de Mónaco es variopinta, por la mañana hay más personas mayores, empleados de los bancos y las tiendas de alrededores, mientras que por la tarde, a la hora de la merienda, el ambiente es más juvenil, según detalla Carina. Y es que los desayunos y las meriendas en base a gofres con batidos son otras de las especialidades de este local, testigo de infinidad de historias amorosas.
El taller de platería Jufra, con casi cuarenta años de existencia, es otro de los comercios veteranos de la calle Montañés. Un negocio que está a cargo de la viuda Carmen López Campos. «Desde que murió mi marido hace siete años estoy yo al frente. Esta calle está muerta porque la mayoría de las viviendas están siendo rehabilitadas y apenas hay vecinos. Los comercios han dado un bajón tremendo», lamenta.
En la esquina, junto a la plaza Candelaria, la residencia de ancianas Casa Oviedo también está vacía porque está siendo rehabilitada. «A las usuarias se las han llevado a otra residencia en Jerez», cuenta Francisco Medina, un vecino que regresa de comprar el pan.
El exceso de circulación que tiene la calle es la mayor denuncia realizada por los vecinos y comerciantes de la zona, aunque algunos como Ana María de Cos reconocen que es «bueno para el negocio que pasen los conductores y vean la tienda». Eso sí, Ana María advierte que hay señales de tráfico que no se respetan generando un auténtico peligro. «Las motos transitan en dirección prohibida como si nada de la plaza Candelaria al Palillero y algún día ocurrirá una desgracia», dice.
Publicado por Jesús M. Villasante (La Voz de Cádiz)
