OPINIÓN
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No hay que hacer leña del árbol caído, dice el refrán. Justo eso fue lo que hizo Teófila Martínez en la noche electoral, cuando ya se sabía ganadora de la contienda por mayoría absoluta. Tuvo muy poca elegancia con el candidato socialista y no supo o no pudo ser generosa con el perdedor. Algún día le tocará perder a ella y seguramente no querrá que le dediquen las duras palabras que esa noche le dijo a Rafael Román.
Aparta de mí ese Cádiz que no acude a las urnas a ejercer su derecho y que al día siguiente reclama desde las barras de los bares. Aparta de mí ese Cádiz folklórico que va al Rocío y le canta a la alcaldesa, en la noche electoral, un remedo del himno del Sevilla Club de Fútbol compuesto por El Arrebato del que abominarán seguramente los más acérrimos teófilos.
Aparta de mí ese Cádiz cutre que enciende barbacoas en la playa y de aquellos que ahora reniegan de ellas cuando fueron quienes las fomentaron, tanto que incluso llegaron a pregonar que iban a entrar en el Guinnes de los records por contar con la playa más guarra de toda la geografía nacional.
Aparta de mí ese Cádiz cofradiero que ahora anda peleándose por el reparto del dinero en la venta de las sillas de Semana Santa. De aquellos que quieren dar lecciones de periodismo y “matan” al mensajero cuando las noticias no les son favorables.
Aparta de mí ese Cádiz que no crea, el que desprecia cuanto ignora y critica la labor de los que trabajan pero no es capaz de aportar ni un grano de su cosecha para que la ciudad florezca.
Aparta de mí ese Cádiz de la picaresca, el de los sordos de Astilleros y las subvenciones públicas a empresas que nunca han sentido ni sentirán el padecimiento de esta tierra, por mucho que sonría y despida a sus hijos en los trenes que les llevan a buscarse el sustento en otras tierras.
Aparta de mí ese Cádiz indolente, conformista, que no defiende lo suyo, que se entrega sin remisión a la propaganda bobalicona y al croqueteo de mesa camilla.
Aparta de mí ese Cádiz.
