OPINIÓN
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de la alcaldesa
De las miríadas de átomos que pululan por el cosmos fue a nacer una estrella rutilante que se posó en la Gades de hoy, la ciudad con más vallas de toda la geografía transnacional, la más soterrada, esa en la que sus habitantes andan todo el día cavilando sobre el puente: ¿se llamará La Pepa o Constitución de 1812? “Se llamará Segundo Puente", dice la voz populá, la que estos días anda pidiendo escaleras para subirse al madero del cierre patronal o paseos marítimos que inaugurar, “que está la cosa mú chunga y los trabajadores de Delphi nos van a botá".
Esa estrella no es otra que Teófila Martínez, regidora perpetua de la ciudad que sonríe, nazarena de la leyenda que dice: “¿Trabajo en Cádiz? Con el Ayuntamiento de Castellón, sí". Ella que se entregó en carpa y alma a la guasa gaditana en las carnestolendas, a inaugurar todo lo que se mueva de Cortadura a la Caleta, con la anuencia de las asociaciones de vecinos o sin ella, que una estrella rutilante no se para en mientes en esas naderías, a enseñar maquetas y a disponer a su semejanza el territorio comanche de la Gades de hoy, esa metrópolis que se ufana en ser trimilenaria y que dentro de poco llegará al cuatrimilenio (4.000 parados más que podrán pescar en el nuevo paseo marítimo Puntales-La Paz-Astilleros gracias al buen hacer del bufete Garrigues, en el que la regidora perpetua tiene a algún conocido).
Esa estrella que nunca se apaga informa a los gaditanos debidamente por tierra, mar y aire (ondas hertzianas que la cadena “ser o no ser” de Polanco se encarga de propagar a todos los rincones de los hogares gaditanos: “El puente de Teófila, el que no quiso el PSOE". La misma estrella que ocupa la mayoría de las noticias de un canal de televisión “independiente” que “ondea” el paisaje visual de la que otrora fuera Tacita de Plata y que hoy pregona cuánta suerte han tenido los gaditanos de que esa estrella rutilante se posara en su paisaje.
Cuán ingratos son los directivos de algunas asociaciones de vecinos, que se niegan a asistir a inauguraciones y a jornadas vecinales organizadas con esmero por el Ayuntamiento de Cádiz, sí. En el pecado llevan la penitencia. Cuando la estrella vuelva a brillar tras las elecciones del 27 de mayo, con su mayoría absoluta bajo palio (120.000 euros merecen un esfuerzo), a ver qué mindundi del movimiento vecinal se atreve a contradecir su prosa. Volverá a cumplirse la profecía: Teopatra de Cádiz por los siglos de los siglos. Amén.
