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31/7/2005

Vecinos de Cánovas del Castillo, 40 alertan sobre el peligro de derrumbamiento

Inicio > — josegalindo @ 8:28 am :: 589

Los inquilinos de la calle Cánovas del Castillo 40, se sienten ignorados, pues a pesar de sus continuas quejas por la situación de sus viviendas, no obtinen resultados. Dicen tener muchos problemas en sus casas pero el más grave es el que acarrea la azotea. Hace unos años, los vecinos del ático tuvieron que abandonar sus hogares por peligro de derrumbe, así pues, los propietarios de la finca decidieron derribar los techos para que no subiera nadie.

La falta del tejado hace que los efectos de la lluvia y la erosión choquen directamente sobre el suelo del ático, una superficie que no está preparada para recibir tales agresiones.

De este modo, la planta posterior sufre filtraciones y todo tipo de grietas, que han hecho que los inquilinos cambiaran de vivienda en la finca o que se marcharan de allí. “Este es el caso de un hombre de alta edad que ha tenido que abandonar su casa y se ha ido a una residencia de mayores”, comenta el único vecino que continúa en la tercera planta, Carlos Peinado García, que prosigue: “estamos preocupados porque derribaron los techos pero dejaron los muros y tabiques, los cuales se están desmoronando y están cayendo. Mi mujer no para de recoger cascotes y escombros”.

Dicen haber hablado con los dueños muchas veces y haber denunciado los hechos en el Juzgado y en el Ayuntamiento “20 o 30 veces”. El Ayuntamiento ordenó su arreglo con fecha límite hasta el 20 de junio pero lo único que se hizo fue tapar algunas grietas.

La solución según Carlos Peinado, sería “quitar los muros y tabiques, y preparar los suelos como techo de azotea con sus desagues y bajantes”.

Pedro Carrero vive debajo de Carlos y también sufre grandes goteras que proceden de la azotea. “Las filtraciones son abundantes al quedarse el agua estancada arriba cuando llueve”, apunta. “Es un constante peligro y lo será más aún cuando lleguen las lluvias”, dice Pedro. Su mujer, Carmen, aún se acuerda de las últimas, “el 28 de febrero”.

Pedro cataloga de “chapuza” las reformas que hicieron y asegura que “desgraciadamente va a haber alguna desgracia como caiga un muro, tanto en nuestro patio como en la finca de al lado, que da a la calle Rosario.
Pepi Caro es otra de las inquilinas. Vivía en la azotea pero cambió la vivienda por un bajo. A pasado de pagar 7.000 pesetas a 32.000, una diferencia que se adecúa a la calidad de vida que dice haber alcanzado tras el cambio. LLeva treinta años viviendo en esta finca y esegura que ha cambiado mucho. Las casas se apuntalaron y el suelo se ha levantado varias veces. “La última vez, hace 23 años, la misma edad de mi hija”, dice Pepi. Existía un pozo, servicios, cocina y lavadero común, pero, poco a poco, cada uno ha ido haciendo sus reformas y ahora consideran una mejora en las viviendas, a no ser por los problemas que reivindican.

Más de cien años

Antonia Cepero tiene 59 años y nació allí. Dice que la finca cuenta con más de cien años, pues sus padres que aún viven en ésta, llegaron recién casados. Como en el caso de Pepi, los padres de Antonia aprovecharon la ocasión de cambiarse de planta. Antonia cuenta que el trabajo de albañil de su padre ayudó a los constantes arreglos que tenía que hacer cuando vivían en la azotea.

Y es que son las últimas plantas las más perjudicadas de toda la finca. Y las personas mayores las que se ven en mayores problemas para cambiar de vivienda, así que aguantan las “escombrosas” escaleras, las grietas (algunas de hasta un dedo de ancho), las goteras, y el peligro constante de la caída de los muros y pilares de la azotea que siguen en pie.

Publicado por Coral Sánchez-Molero (Cádiz Información)




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