cadizcentro.net

27/3/2005

OPINIÓN

Inicio > — josegalindo @ 10:17 am :: 292
Carta de amor a un querellante

Querido querellante:

Como te presumo letrado y resabido, habrás oído algo sobre un concurso de Cartas de Amor que organizó la Delegación Municipal de Juventud del Ayuntamiento de Cádiz.

Las bases de dicho concurso especificaban que no había límite de edad, así que yo también supuse que el remitente podía escribir su misiva a aquel o a aquella en quien hubiera puesto sus ojillos de cordero degollado, aunque fuera un carrozón, como es mi caso.

Yo puse los míos en ti, querido querellante, aunque también los podría haber puesto en una querellanta, candidatas no faltan, pero el destino quiso que me fijara en ti, no sé si por esa manera tuya tan fina de poner querellas o porque me pareces el querellante más rumbero que yo me he echado a la vista en mi ya dilatada vida de visitador de tribunales.

El caso es que te escribo esta carta apasionada con un doble objetivo: participar en el concurso ese tan hortera que organizó el Ayuntamiento y decirte al mismo tiempo cuánto me inspiran tus despampanantes querellas. Porque tú las confeccionas con primorosa delicadeza, con letra cursiva, con ese donaire que te ha dado la naturaleza para poner querellas a diestro y siniestro (más a siniestro que a diestro, todo hay que decirlo), y esa fijación que tienes contra ese ser bajito que a ti debería recordarte tus tiempos gloriosos en que fuiste flecha (no esa que emplea el santo, San Valentín, para saetear los corazones enamoradizos), estandarte de los valores eternos de la patria, ésa que quieren mancillar los despatriados con la connivencia de los rojos (bueno, ahora más bien rosados).

Lo que más me ha enamorado de ti, querubín de lejanías, es esa simpar manera que tienes de enarbolar papeles, de proporcionar datos incontestables, de encumbrarte a las más altas cimas de la retórica para dejar escrito en el aire: “me querello". Con cuánta majeza, con cuánta gallardía y salero empleas esta palabra, incluida las más de las veces en tu vocabulario aderezado de otrosíes y dispongos.

Me tienes embelesado, querido querellante, y si no fuera porque aborrezco todo comestible que no prepare mamá, ahora mismo te sacaría los colores nada más que para que me pusieras una querella, me encerraran en Puerto 2 y sufriera las consecuencias de tus desplantes querelliles. Espero que esta carta de amor, querido querellante, al menos sirva para que tú te sientas correspondido ante la soledad del folio en blanco, con membrete del juzgado, estudiando a tu presunta víctima. No he ganado el concurso, pero no importa, porque he contribuido a que cambies la flecha aquella por esta otra del amor. Ay, cuánto me ponen tus querellas.

Tuyo, afectísimo: Borja Mari

José Galindo




RSS 2.0         Identificarse